
Cuando me diagnosticaron, yo no tenía ni idea de lo que era un linfoma, por eso creo que es importante que todas las personas en general conozcan un poco sobre la enfermedad...
Efectivamente, el linfoma es un tipo de cáncer y aunque la sola mención de la palabra hace pensar lo peor, llena de pánico y de incertidumbre, lo importante es conocer las características del padecimiento y no adelantarse a hacer juicios negativos. Cuando una persona tiene un linfoma, significa que algunas células del cuerpo llamadas linfocitos están fuera de control y pueden agruparse en los ganglios linfáticos, aumentar de tamaño y formar tumores. El linfoma puede afectar todos los ganglios linfáticos del organismo e, incluso, otros órganos. Nuestro organismo está compuesto por muchas células diferentes: epiteliales (como la piel), pulmonares, nerviosas y sanguíneas, entre otras. Estas células están constantemente dividiéndose y se reproducen para sustituir las que mueren naturalmente; pero, en ocasiones, sin motivo aparente empiezan a multiplicarse de manera anormal y no se mueren cuando deberían, esto produce una acumulación de células anormales que forman tumores, algunos de ellos son llamados malignos
o cancerosos.
Para atacar y destruir estas células anormales, así como otros agentes extraños como bacterias o virus, existe un conjunto de células y órganos llamado sistema inmunológico. Este puede compararse con un pequeño ejército que siempre está “alerta” y cuya misión es proteger el cuerpo de cualquier enemigo. Sin embargo, se dan ocasiones en que no logra salir bien librado
de algunos ataques y se presentan las enfermedades inmunológicas, es decir, las que dañan al sistema de defensas, como es el caso del linfoma no Hodgkin.

El sistema linfático
El sistema linfático forma parte del sistema inmunológico y ayuda a transportar las sustancias de un lugar a otro del organismo. Está formado por una red de tubos llamados vasos y ganglios linfáticos (que se encuentran en todo el cuerpo), y otros órganos, como el bazo. Los vasos contienen un líquido denominado linfa, que pasa a través de los ganglios linfáticos, los cuales actúan como filtro para expulsar los gérmenes del sistema. Este líquido actúa como transporte de nutrientes y productos de desecho, así como de los llamados linfocitos, que fungen como sistema de defensa.
Los ganglios linfáticos frecuentemente forman grupos debajo de los brazos, en el cuello y las ingles. Un ejemplo de su actuación se puede encontrar cuando duele la garganta y usted puede sentir bultos en el cuello; esto se debe a que el cuerpo está luchando contra la infección que hay en esa área, y esos bultos aparecen debido al aumento del tamaño de los ganglios linfáticos.
Como se mencionó anteriormente, los linfocitos son un grupo de células de defensa que se encuentran en la sangre, en el sistema linfático y ganglios, ayudan a combatir las infecciones y reconocen células extrañas que finalmente destruye. Existen dos tipos de linfocitos: B y T; los de tipo B crean un arma denominada anticuerpos, que ayudan a combatir las toxinas y bacterias de manera directa para así remover sustancias u organismos no
deseados. Sin embargo, algunos invasores pueden evitar los linfocitos B, crecen dentro de las células del cuerpo y es ahí donde entran en acción los linfocitos T, 10 ya que detectan cuando las células del cuerpo han sido infectadas y las destruyen. Los linfocitos T le permiten al cuerpo combatir infecciones por virus y destruir células anormales o cancerígenas.
Después de que un invasor es destruido, los linfocitos B y T que sobreviven desarrollan células especiales que vigilan, a la espera de ser reactivadas cuando algún agente extraño sea encontrado nuevamente, por lo que están alertas para prevenir al organismo y evitar la proliferación de células malignas.
o cancerosos.
Para atacar y destruir estas células anormales, así como otros agentes extraños como bacterias o virus, existe un conjunto de células y órganos llamado sistema inmunológico. Este puede compararse con un pequeño ejército que siempre está “alerta” y cuya misión es proteger el cuerpo de cualquier enemigo. Sin embargo, se dan ocasiones en que no logra salir bien librado
de algunos ataques y se presentan las enfermedades inmunológicas, es decir, las que dañan al sistema de defensas, como es el caso del linfoma no Hodgkin.

El sistema linfático
El sistema linfático forma parte del sistema inmunológico y ayuda a transportar las sustancias de un lugar a otro del organismo. Está formado por una red de tubos llamados vasos y ganglios linfáticos (que se encuentran en todo el cuerpo), y otros órganos, como el bazo. Los vasos contienen un líquido denominado linfa, que pasa a través de los ganglios linfáticos, los cuales actúan como filtro para expulsar los gérmenes del sistema. Este líquido actúa como transporte de nutrientes y productos de desecho, así como de los llamados linfocitos, que fungen como sistema de defensa.
Los ganglios linfáticos frecuentemente forman grupos debajo de los brazos, en el cuello y las ingles. Un ejemplo de su actuación se puede encontrar cuando duele la garganta y usted puede sentir bultos en el cuello; esto se debe a que el cuerpo está luchando contra la infección que hay en esa área, y esos bultos aparecen debido al aumento del tamaño de los ganglios linfáticos.
Como se mencionó anteriormente, los linfocitos son un grupo de células de defensa que se encuentran en la sangre, en el sistema linfático y ganglios, ayudan a combatir las infecciones y reconocen células extrañas que finalmente destruye. Existen dos tipos de linfocitos: B y T; los de tipo B crean un arma denominada anticuerpos, que ayudan a combatir las toxinas y bacterias de manera directa para así remover sustancias u organismos no
deseados. Sin embargo, algunos invasores pueden evitar los linfocitos B, crecen dentro de las células del cuerpo y es ahí donde entran en acción los linfocitos T, 10 ya que detectan cuando las células del cuerpo han sido infectadas y las destruyen. Los linfocitos T le permiten al cuerpo combatir infecciones por virus y destruir células anormales o cancerígenas.
Después de que un invasor es destruido, los linfocitos B y T que sobreviven desarrollan células especiales que vigilan, a la espera de ser reactivadas cuando algún agente extraño sea encontrado nuevamente, por lo que están alertas para prevenir al organismo y evitar la proliferación de células malignas.